El impacto negativo de las pseudociencias en la gestión del coronavirus en el Perú

Jean Christian Egoávil, Assistant researcher, Universidad del Pacífico

Lima, Perú, 20 de abril de 2020. Shutterstock / mbzfotos

El Perú se halla sumido en uno de los peores brotes epidémicos de América Latina. Durante las primeras semanas, el país fue ovacionado como modelo en la gestión de la crisis de la COVID-19, y los principales diarios del mundo destacaban la vía peruana para enfrentar la pandemia. Pero, conforme la cuarentena se fue ampliando, el índice de contagios, en vez de controlarse y llegar a un punto máximo, sencillamente se disparó a niveles estratosféricos, de modo que la sala situacional para el día de hoy es superior a 240 000 contagiados, y exhibe las debilidades del éxito peruano.

Surge, entonces, la pregunta: ¿Cómo explicar esta contradicción? Muchos son los factores que esclarecen este abrumador auge en la cifra de contagiados, por ejemplo, el precario sistema de salud, cuya capacidad logística y de personal médico no cubre la altísima demanda de pacientes, a pesar de las estrategias propuestas.

Asimismo, el desempleo y la depresión económica han empujado a millones de peruanos a tomar las calles sin las medidas sanitarias adecuadas con el fin de reactivar sus economías familiares. Los índices brindados por el Instituto Peruano de Economía estiman que el Producto Bruto Interior (PBI) se paralizará entre un 50% y 55% y, sin duda, es un evento sin precedentes.

Una amenaza tan letal como la propia enfermedad

Además, existe un factor que no se está analizando y que constituye una amenaza tan letal como la misma enfermedad. Me refiero a la tendencia de un sector de la ciudadanía a asumir como verdaderas una serie de creencias disfrazadas de científicas en torno al tratamiento o propagación del coronavirus.

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Este factor claramente pseudocientífico está desempeñando un rol negativo al incentivar el consumo de sustancias no recomendadas y al difundir falsos informes sobre la propagación del virus. Buena parte de la población acepta intuitivamente estas creencias, sin distinguir si son científicas o pseudocientíficas.

Ahora, si bien algunos expertos han propuesto sus límites teóricos y una clasificación de la pseudociencia, no obstante, en el Perú aún no se ha estudiado y sistematizado el fenómeno, a excepción de algunas publicaciones.

El peligro de la automedicación

En efecto, voy a referirme específicamente a dos creencias pseudocientíficas protagonistas en el Perú en estos momentos. Por un lado, la creencia de la automedicación, y por el otro, la idea de las nuevas tecnologías como transmisores del virus.

La automedicación se difunde rápidamente por las redes sociales y muchas personas aceptan su credibilidad. Según sus difusores, existen métodos eficaces que ayudan a eliminar el virus mediante el consumo de antibióticos y analgésicos, la ingesta de lejía (hipoclorito de sodio) o el consumo de un concentrado de cebollas, ajos, jengibres y hojas de eucalipto.

Sin embargo, está demostrado que ninguna de estas recetas es la solución, puesto que los antibióticos y analgésicos cumplen otra función en nuestro organismo, la lejía (hipoclorito de sodio) es un ácido no recomendado para el consumo humano y el concentrado de cebollas, ajos, jengibres es solo un paliativo para los síntomas del resfrío y de la gripe.

Las creencias en torno al 5G

Por otra parte, algunos sectores de la población creen que la nueva tecnología del 5G es el vehículo transmisor del temido virus. Esta creencia gana adeptos con rapidez en el Perú, de modo que, días atrás, un grupo de pobladores de la región de Apurímac quemó una antena de telecomunicaciones asumiendo que se trataba del 5G propagando el virus.

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Sostener que esta tecnología transmite la enfermedad no tiene sustento científico demostrado y, más bien, su total ausencia en el Perú significa una desventaja tecnológica ahora que el teletrabajo y la educación virtual necesitan de un soporte más eficiente.

¿Qué hacer ante esta situación? Si bien la mayoría de los especialistas reflexionan sobre los cambios económicos, los modelos urbanísticos o el nuevo sistema de transporte en el marco de la nueva normalidad, sin embargo, no tratan este tema que, considero, debería incluirse dentro el debate por la reforma educativa.

Frente a la pseudociencia, más educación

Es decir, el mejor antídoto contra las pseudociencias, en una población que asume estas creencias con mucha facilidad, es una sólida educación.

El hecho de que miles de peruanos se automediquen y crean que el 5G es un transmisor del coronavirus es una clara señal de una deficiencia educativa donde factores tan básicos como la comprensión lectora y la comprensión numérica prácticamente no existen.

En efecto, uno de los principales ejes que debe guiar al Perú pospandemia es la educación integral de sus ciudadanos, una educación que se funde en la formación humana y en una sólida preparación científica.

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