Sindemia, pandemia… ¿Importa el nombre que le demos?

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María Teresa Tejedor Junco, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Nos hemos pasado gran parte de 2020 hablando de la pandemia de covid-19. La enfermedad parecía reunir todos los requisitos para ser considerada pandémica. Se trata de una epidemia que afecta a un enorme número de personas y se ha extendido a zonas de todo el mundo.

En septiembre, la prestigiosa revista The Lancet publicaba un artículo donde explicaba que la covid-19 no es una pandemia, sino una sindemia.

¿Que significa sindemia?

Este término fue propuesto en los años 90 por Merril Singer, un antropólogo médico. Deriva de “sinergia” y “epidemia”. Inicialmente se refería a dos epidemias que se retroalimentaban, causando un efecto superior a la suma de ambas.

La teoría sindémica propone que las enfermedades ocurren simultáneamente en determinadas épocas o zonas geográficas. La causa es la existencia de condicionantes sociales negativos. Las enfermedades interactúan a nivel individual y grupal, potenciando sus efectos perjudiciales sobre la salud.

Actualmente, una sindemia se define como una sinergia de epidemias que coexisten en un tiempo y lugar. Además, interactúan entre sí y comparten factores sociales subyacentes. Estos aumentan la susceptibilidad de un grupo poblacional a una enfermedad o empeoran su pronóstico.

Va mucho más allá de la comorbilidad. Esta se refiere exclusivamente a enfermedades o trastornos que suelen darse de forma conjunta. Cuando hablamos de sindemia, sin embargo, incluimos cuestiones sociales, económicas, políticas, ecológicas, etc.

En algunos casos, la existencia de una sindemia está clara. En otros, no se ha podido demostrar si los problemas co-ocurren independientemente, si existe una relación causa-efecto o si realmente se amplifican mutuamente.

Síndrome de SAVA

Singer y sus colaboradores investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en Estados Unidos (EEUU).

Descubrieron que muchas personas que se inyectaban drogas padecían también otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, sida). En determinados casos, la combinación amplificaba el daño.

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Las investigaciones de Singer llevaron a proponer el síndrome de SAVA, en el que incluían el abuso de drogas, la violencia y el sida. Estos factores interactuaban entre sí, causando una sindemia en los grupos más pobres de los centros urbanos.

¿Es la actual pandemia de COVID-19 una sindemia?

En la covid-19 hay una clara interacción con otras enfermedades no transmisibles, como la hipertensión, la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas. Estas son especialmente frecuentes en determinados grupos de población, como los ancianos o las personas con bajos ingresos económicos.

Por otra parte, sabemos que el origen de la pandemia se encuentra en el contacto con animales salvajes. Por lo tanto, la prevención debe analizar también cuestiones ecológicas.

Sin embargo, hay autores que proponen que el contexto importa. Por ejemplo, la situación en EEUU es totalmente diferente a la de Nueva Zelanda.

En EEUU, las altas tasas de obesidad, diabetes e hipertensión, unidas al problema racial, la ausencia de un sistema de salud accesible, y la falta de liderazgo político han convertido a la covid-19 en una sindemia.

Pero en Nueva Zelanda, la situación ha sido totalmente distinta. Su impacto ha sido mucho menor y no puede considerarse una enfermedad sindémica.

Otras sindemias

Varios autores han analizado diversos problemas de salud global desde la perspectiva sindémica.

Un ejemplo sería la “sindemia global de obesidad, desnutrición y cambio climático”. En principio, parece una contradicción. Los autores proponen que los actuales sistemas alimentarios causan malnutrición (incluyendo aquí tanto la desnutrición como la obesidad).

Pero también influyen en el cambio climático, ya que producción de alimentos genera más del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Por otra parte, el cambio climático causa sequías e inundaciones que acaban con las cosechas. De este modo, muchas personas pierden los pocos alimentos de que disponían.

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Las acciones orientadas a mejorar los sistemas de producción y luchar contra el cambio climático serán tan importantes como las intervenciones sanitarias para evitar los problemas de salud derivados de la malnutrición.

También se ha descrito una sindemia de depresión y diabetes. Estas dos enfermedades mantienen una relación bidireccional.

La depresión en las personas diabéticas se asocia con una menor adherencia al tratamiento de la diabetes. También con numerosas complicaciones de la enfermedad y un control glucémico deficiente.

Por otro lado, la prevalencia de la depresión en personas con diabetes es dos veces superior a la de la población general.

En ambas patologías influyen factores económicos y sociales. Éstos llevan a una dieta inadecuada, falta de ejercicio físico, ansiedad y estrés. Factores que hacen que el ciclo se retroalimente.

¿Qué aporta el concepto sindemia?

En Romeo y Julieta, Shakespeare escribió que “la rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo”. Por otro lado, en su poema El Golem, Borges expresaba que “el nombre es el arquetipo de la cosa, en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo”.

Coincidiendo con lo que escribía Borges, elegir la palabra adecuada es importante, ya que las palabras evocan ideas y conceptos.

Cuando hablamos de sindemia, ponemos el énfasis en cuestiones que van más allá de las puramente biomédicas. Nos hace pensar en otros factores que pueden condicionar la evolución de la enfermedad.

Cómo evitar futuras sindemias

La prevención y la solución de las sindemias no pueden abordarse únicamente desde el punto de vista del patógeno o de la causa biológica. Van más allá de tratar a los pacientes o buscar una vacuna.

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Para evitar futuras sindemias hace falta un enfoque integral, y para ello hay que solucionar también los problemas subyacentes.

Debemos abordar los factores estructurales que hacen que a determinados colectivos les resulte más difícil acceder a los sistemas de salud o seguir una dieta adecuada.

Luchar contra el cambio climático y la deforestación, conservar la biodiversidad, son acciones que contribuirán a disminuir el riesgo de zoonosis.

Los tratamientos y vacunas son evidentemente importantes. Pero también es fundamental llevar a cabo actuaciones para corregir los factores sociales, económicos y ecológicos que amplifican el efecto de estas enfermedades.

Actualmente estamos centrados en la covid-19. Eso sí, ya hay iniciativas orientadas a evitar futuras pandemias o sindemias. La mejor forma de luchar contra ellas es evitar que aparezcan.